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| en la agricultura familiar la nueva generación toma el relevo |
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José Baltrons Torrent esperaba jubilarse a sus 64 años, pero la administración se lo dejó claro: los agricultores autónomos, sólo con 65 años. Bueno, va a seguir un año más, tampoco es para tanto. Tiene a su hijo pequeño, Salvador, que va a seguir la profesión familiar y su mujer, Rosa Sabatés Montia, lleva la parada.
José nació y se crió en la calle Raval, esa calle donde todos eran payeses. Todas las parcelas llegaban hasta el Camí dels Papus. A las casas se entraba desde la calle Raval, después había un patio con viñas, un pequeño jardín-huerto, el celler, las botas, la prensa, el pozo y hacia el otro lado de la parcela se encontraba el establo con 5 o 6 cerdos, unas vacas, el caballo, algún buey, conejos, gallinas, etc. Las casas de la calle eran casi todas iguales y aquí se producían los alimentos para consumo propio; si había algo de más, se vendía en el mercado.
La familia de los Baltrons está en Blanes desde el siglo XVII. Vinieron de Olost, detrás de Vic. Y después de casarse uno de sus antepasados con una tal señora Tadeu, la denominación de la familia, el mot, era Can Tadeu. José se acuerda de los campos que se trabajaban, repartidos por el municipio. Una parcela de la hermana del padre en Santa Bárbara, otra del tío en Residencial Blanes, una muy grande en Lloret, cerca de Papalús, donde tenían viña y huerta y a donde el joven José llevaba la comida en bicicleta, después de haber terminado el cole en ‘Los Padres’. O los campos de la Plantera donde se cultivaba el regadío, maíz, trigo, patatas.
En la época de 1950, como la mayoría de familias de Blanes, Can Tadeu también poseía mucha viña. Como aquella producción se cobra solamente una vez al año pero está expuesta a las inclemencias climatológicas, un frío o lluvia repentino puede estropear la cosecha y hacer perder todo el trabajo de un año; poco a poco se dejaba trabajar el vino. También la competencia hizo lo suyo y se buscaban otros ingresos. Habían tiempos en los que se vendía mucha patata a toda España. En la zona del Club de Tenis se reunieron los payeses con sus carros y unos camiones llevaban los sacos de patatas a zonas como Málaga, Tarragona, León, donde la temporada ya había terminado. Hasta 40.000 kg salieron cada día de Blanes en los momentos de más auge. Ya el padre de José, a principios de siglo, envió patatas hasta Inglaterra. Blanes fue un gran productor de alimentos en sus mejores tiempos de antaño.
Hoy los agricultores producen casi exclusivamente para el mercado diario en el passeig de Dintre, aunque desde hace generaciones la familia de José ya tenía una parada en el mercado. Él mismo bajaba con un carro y el caballo para llevar el género a la parada de sus padres. Vendían patatas, judías, frutas y alguna hortaliza. Porque en aquellos años no había tantas paradas como hoy. Fue en la década de los 60 y 70 cuando el turismo de la zona reclamaba mayores cantidades de productos. Los hoteleros venían desde Lloret para llevarse 50 cajas de tomates y 200 lechugas en un solo sábado. Quizás fueron los tiempos de gloria porque ni tenías que llevarles lo comprado a sus casas ni bajarlo a los sótanos. Después aparecieron los mayoristas, primero en Blanes, después también en Lloret y actualmente Mercabarna de Barcelona lo acapara todo. La competencia y la guerra de precios se inició en aquellos momentos y desde entonces es una continua bajada porque hoy pagan tan poco por los productos que a muchos agricultores no les sale a cuenta plantarlos. Así pues, no les queda otro remedio que plantar lo justo y necesario que ellos mismos pueden vender en la Plaza y a algunos pocos clientes que tienen en particular.
Son un total de 2 hectáreas las que cultiva José con su hijo y por si no son suficientes los problemas de la venta, el campo también está amenazado. Una parte del río Tordera, donde se encuentra la mejor tierra que dispone toda la finca, está afectada por la nueva desaladora. La Generalitat primero expropia sin miramientos y ahora pasa por medio de sus plantaciones los tubos para la ampliación de esa infraestructura que produce agua potable para medio Cataluña. Y no pasa como en otros países donde se paga un buen precio por el terreno expropiado en beneficio de la comunidad, aquí se tiene que discutir y luchar para recibir algo más que una limosna por unos terrenos que han sido cuidados desde hace generaciones. No hay derecho a la miseria que se paga por las tierras agrícolas ni la manera como quitan la tierra de sus antepasados. Los tiempos no están a favor de la agricultura. Antes, los payeses eran apreciados por la sociedad, limpiaban los bosques para tener leña en sus casas, recogían las hojas de los pinos para sustituir en los establos la paja que costaba dinero o arreglaban los torrentes, cortando la caña para usarla para las judías o tomates y también fueron los payeses de antes que protegían con palos y caña las orillas del río Tordera antes de las grandes bajadas del verano. Todo esto ya no lo hace nadie o representa un coste enorme para la sociedad en general.
Por otra parte también la competencia internacional está ganando terreno a los agricultores locales. Antes, José podía ganarse un extra por la producción de hortalizas muy avanzadas en la temporada, arriesgándose a sembrar de forma temprana o mediante la inversión en los años 70 en unos de los primeros invernaderos. Pero después de unos años catastróficos, primero por el viento y después por la nieve que le han destrozados sus invernaderos, lo ha dejado. Hoy los payeses de Blanes tienen que competir con las zonas más aventajadas por el clima como son las grandes zonas productivas de Marruecos y Almería o los invernaderos en toda Europa.
Así, les queda el mercado local, pero tampoco está en auge. Las costumbres de los consumidores no favorecen los productos novedosos y el aspecto es más importante que el gusto de los productos. Antes se vendía también un alimento de segunda categoría, más pequeño, con una mancha o un poco dañado pero más reducido en el precio. Esto ya no lo compra nadie, sólo se pueden vender las grandes y bonitas verduras tal y como aparecen los alimentos en la tele o en la publicidad. A causa de este hábito del consumidor, bonito y barato, casi todos los productores plantan lo mismo. Porque a la larga se deja la variedad de tomatero que da 3 kg de fruta por aquella que da 8 o 10 kilos, aunque el sabor es muy diferente. Los consumidores, en general, compran con los ojos, es poca la gente que paga un alimento de calidad y así sólo puede sobrevivir quien no tiene que vender a los mayoristas, sino directamente en el mercado. Pero hasta cuándo sobrevivirá este mercado.
Porque ni los agricultores del mercado son todos de la misma opinión. Hace años se discute si el mercado estaría mejor ubicado en el paseo marítimo durante los meses de invierno o si la tierra de arena se debería cambiar por otro tipo de pavimento, como asfalto o piedras antiguas. No hay consenso y los comerciantes del passeig de Dintre también defienden sus intereses. Es complicado y no se sabe si el mercado estaría mejor en la plaça dels Dies Feiners como hace años, o en la zona detrás del Polideportivo donde estuvo un tiempo, o dejarlo tal cual o renovarlo, etc. Nadie quiere tocar el tema, ni en el Ayuntamiento, ni entre los mismos afectados. Y así el mercado diario de Blanes sigue sin reformas ni cambios, pero está retrasándose poco a poco porque los tiempos han cambiado pero el mercado sigue siendo el mismo, como en los tiempos en que José bajaba desde la calle Raval con su carro y caballo a montar la parada. Él, de momento, usa una furgoneta para vender sus productos frescos y de manera directa a las amas de casa que saben valorar un alimento de calidad, pero hay quienes usan camiones que ya ni caben en las calles del centro.
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